Tarde de domingo y estoy profundizando en una receta de galletitas integrales. Veo que ingredientes puedo omitir como poniendo un filtro, según lo que creo que mis hijos (de 6 y 2 años) pueden aceptar o rechazar: ¿coco y jengibre?  Es ésta una de las variantes que encontré para empezar a incorporar más alimentos preparados en casa, buscando reducir las galletitas comerciales. Y así armo la lista para compras en supermercado, detallando lo que considero puedo encontrar allí.

Lo paradójico de todo esto es que soy Ingeniera en alimentos, recibida hace casi 12 años de la Universidad Nacional de Mar del Plata, y estudie exactamente lo contrario, de manera resumida: como llevar a escala industrial una elaboración de tipo artesanal, entre otros muchos más aspectos. He pasado gran parte de mi vida mirando envases, ingrediente por ingrediente y los cambios que hacen las marcas y su impacto en nosotros los consumidores. Y es allí donde surge el primer dilema: la cantidad de ingredientes que no se encuentran en las recetas hogareñas, que deben incorporarse para que ese alimento (en este caso las galletitas) tengan más vida útil que una semana en un frasco y puedan llegar por ejemplo a todo lo extenso de un país. O más aún, al mundo si es que se exportan.

La primera compra en supermercado no fue un éxito: la harina integral solo se vende en dietéticas. Debo seguir buscando. Segundo dilema: que difícil es conseguir aquellos ingredientes que no se encuentran industrializados.

Aproveché y compré legumbres: otro de los tantos alimentos que por un motivo u otro no elegía para cocinar. Como mamá, y trabajando 9 horas por día fuera de casa, a veces se agotan las ideas…y estoy en el camino de generar nuevas opciones para llevar a la mesa.

Son muchos los factores que me llevan a querer modificar la dieta: entre ellos puedo citar la cantidad de información que me llega y leo sobre alimentación vegana, vegetariana, consumir lácteos o no, bajar el consumo de carnes rojas, sodio, azúcar, alimentos con o sin gluten y así podría seguir con una enorme lista. Parecemos estar inmersos en una revolución alimentaria, pero hacia lo que tenga poco procesamiento.

La tarde me encuentra de regreso de un viaje. Leyendo notas periodísticas en el celular aparece un título que me resuena: “La microbiota también se encuentra en emergencia alimentaria (Perfil, miércoles 16 de octubre de 2019)”. Y ahí leo más de esos factores que me hacen pensar en cómo comemos: enfermedades autoinmunes, obesidad y números que alarman: “el 68% de la población (mayor de 2 años) no consumió al menos una fruta diaria en los últimos tres meses; 62% de la población no consumió verduras al menos una vez al día y 60% no consumió leche”. Inmediatamente se me viene a la cabeza mi hijo más chico y lo que me cuesta que incorpore vegetales. Sin embargo, rescato como positivo que tiene su probiótico natural a demanda: la leche materna y los miles de beneficios que esto trae.

Y, por otro lado, ¿qué rol tenemos quienes elaboramos alimentos procesados y somos parte de las fábricas? Diera la impresión de que debiera haber un cambio de paradigma en la ingeniería en alimentos, en la búsqueda de otorgar alternativas aún más saludables.

Haciendo un análisis a nivel industria, estamos inmersos en esa transformación: adecuación de sodio en formulaciones, reducción de porcentajes de grasa, reemplazo de grasas tipo trans, entre otros, sin dejar de buscar mayor vida útil para todos los alimentos procesados.

Que difícil resulta abordar una conclusión: pero como mamá lo más resonante es buscar el equilibrio. Si bien no vamos a dejar de optar por aquellos alimentos procesados que más de una vez nos sacan de apuro y que son tan festejados por nuestros hijos, debemos priorizar una dieta variada y nutrida. El único y principal objetivo debe ser la salud de nuestros hijos.

Como Ingeniera en alimentos y parte de la industria percibo que vamos hacia un nuevo rumbo, donde las tendencias de alimentación saludables y los alarmantes índices hoy están gobernando las actualizaciones y cambios de los organismos de control.

Luciana Fernández de Paz

                                                                               Ingeniera en Alimentos.

Fuente

https://www.perfil.com/noticias/opinion/opinion-sergio-britos-la-microbiota-tambien-se-encuentra-en-emergencia-alimentaria.phtml